Admito que soy la primera que me he quejado: que si aquí ya no me queda nada por hacer, que si en cuanto pueda me largo, que si cualquier sitio mejor que este... Todo esto se lo contaba a los amigos, sentada en una terraza, al sol y bebiendo una cerveza. El problema viene cuando estás lejos y te das cuenta de que los amigos, la terraza, el sol y la cerveza se quedaron allí.
Y te repatea admitirlo, pero le tienes que dar la razón a toda esa gente que te decía "aquí no se está tan mal". Porque puede que por ahí haya edificios más altos, monumentos más bonitos o playas más paradisíacas, pero esos sitios no te han visto crecer, no son el marco de tantos momentos buenos y malos y, sobre todo, en ningún otro lugar del globo están las personas más importantes de tu vida.
Así que, por muy bien que te vaya en tu nueva aventura, no puedes evitar mirar atrás y echar todo eso de menos. No es porque seamos inconformistas, no, es porque a veces hay que irse para valorar lo que dejas atrás y apreciarlo el tripe cuando vuelvas.
Porque, aunque la decisión de irte a veces te pese, da las gracias porque haya un lugar en el mundo al que estés deseando volver.
❥
..........



No hay comentarios:
Publicar un comentario